En los últimos años, y especialmente con el auge del trabajo remoto, en el mundo IT comenzó a aparecer con mayor frecuencia un fenómeno que genera debate y polémica: profesionales que trabajan de manera simultánea para dos o más empresas.
Algunos lo llaman pluriempleo, otros lo consideran directamente un doble contrato encubierto. Más allá del nombre, la pregunta de fondo es siempre la misma:
¿Es una práctica ética y sostenible para todas las partes involucradas?
La mirada de los profesionales
Muchos talentos de tecnología sostienen que:
- Su tiempo les pertenece y, mientras cumplan con los objetivos acordados, nadie debería condicionar cómo lo administran.
- El contexto económico influye: inflación, inestabilidad y una alta demanda de perfiles hacen que muchos busquen maximizar ingresos.
- Trabajar en distintos proyectos les permite ampliar habilidades, sumar experiencia y acelerar su desarrollo profesional.
Desde esta perspectiva, el pluriempleo se percibe como una práctica legítima, casi como una forma de freelance continuo, aunque bajo relación de dependencia.
La mirada de las empresas
Del otro lado, las organizaciones suelen tener preocupaciones muy concretas:
- Dedicación real: ¿cuánta energía y foco puede aportar alguien que divide su jornada entre dos proyectos exigentes?
- Confidencialidad: cuando se maneja información sensible, el riesgo de filtraciones o conflictos de interés aumenta.
- Compromiso y cultura: construir equipos sólidos requiere pertenencia, algo que se debilita cuando el foco está fragmentado.
Para muchas compañías, ofrecer un salario competitivo implica esperar cierto nivel de exclusividad, compromiso y lealtad.
Entonces… ¿es o no es ético?
Desde nuestra experiencia y la política que aplicamos en StaffRock, el debate puede resumirse en dos conceptos clave:
Transparencia y honestidad.
El problema no es el pluriempleo en sí, sino cuándo y cómo se ejerce. La frontera ética se cruza cuando esta práctica afecta la productividad, la lealtad o la confianza entre las partes.
Tomar un segundo trabajo durante el horario laboral del primero, utilizar recursos de una empresa para beneficio personal o incumplir acuerdos de confidencialidad son situaciones que claramente exceden cualquier marco ético.
Distinto es el caso de un profesional que cumple un horario definido (por ejemplo, de 9 a 18 hs) y luego asume tareas para otro cliente bajo modalidad por objetivos, utilizando otros horarios o fines de semana. Allí no hay conflicto, siempre que los compromisos se respeten.
El verdadero conflicto aparece cuando ambos trabajos exigen disponibilidad horaria, presencia en reuniones y respuesta inmediata. En esos casos, la superposición es inevitable y el riesgo también.
Por eso, lo más transparente es declarar la situación desde el inicio: informar si ya se tiene otro trabajo y evaluar si los horarios, responsabilidades y expectativas pueden convivir sin afectar el desempeño.
Cuando el pluriempleo se detecta
En la práctica, los casos de pluriempleo conflictivo suelen evidenciarse a través de patrones que se repiten:
- Ausencia reiterada en reuniones o negativa a encender la cámara.
- Incumplimiento de entregables en tiempo y forma.
- Demoras frecuentes en responder consultas o requerimientos del equipo.
Son señales que, sostenidas en el tiempo, terminan erosionando la confianza.
Conclusión
El pluriempleo es, en definitiva, una decisión personal y un derecho que cada profesional puede ejercer. Pero ese derecho debe ir acompañado de responsabilidad, transparencia y respeto por los acuerdos asumidos.
En tecnología, el pluriempleo no es en sí mismo un problema ético. El problema surge cuando la multiplicidad de compromisos afecta la integridad profesional, la transparencia con los empleadores o el resguardo de la información confidencial.
El verdadero desafío, tanto para profesionales como para empresas, es encontrar un equilibrio saludable entre la libertad individual y la responsabilidad hacia quienes confían en el talento.
